1. Creemos en el Dios trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, quien por medio de su Palabra y Espíritu reune, protege y cuida su iglesia, desde el inicio del mundo hasta su final.

2. Creemos en una iglesia santa, cristiana y universal, en la comunión de los santos llamados de toda la familia humana.

Creemos

• que la obra de reconciliación de Cristo se hace visible en esta iglesia, la comunidad de creyentes que han sido reconciliados con Dios y el uno con el otro (Ef. 2:11-22);

• que la unidad de la iglesia de Jesucristo es, por tanto, un don y una labor; es una fuerza vinculante por la operación del Espíritu de Dios. Sin embargo, es una realidad que se debe buscar y encontrar, y que el pueblo de Dios debe siempre promoverla (Ef. 4:1-16);1

• que esta unidad debe ser visible para que el mundo pueda ver que la separación, la enemistad y el odio entre personas y pueblos es pecado, el cual Cristo ya ha vencido. Por tanto, todo lo que amenace esta unidad no debe tener lugar en la iglesia de Cristo y debe ser resistido (Jn. 17:20-23);

• que esta unidad del pueblo de Dios debe manifestarse y permanecer activa de diversas formas: que nos amemos unos a otros; que vivamos, practiquemos y busquemos la comunión entre nosotros; que nos entreguemos voluntariamente y con gozo para ser de beneficio y bendición unos a otros; que compartamos una fe, un llamado, una alma y una mente; que tengamos un Dios y Padre, que seamos llenos del Espíritu, que seamos bautizados en un solo bautismo, que comamos de un mismo pan y bebamos de una misma copa; que confesemos un solo nombre, que obedezcamos a un solo Señor, que trabajemos por una misma causa y compartamos una misma esperanza; que juntos lleguemos a conocer lo alto, lo ancho y lo profundo del amor de Cristo; que juntos seamos edificados a la estatura de Cristo, a la nueva humanidad; que juntos conozcamos y llevemos nuestras cargas unos a otros, y así poder cumplir la ley de Cristo, que nos necesitamos los unos a los otros y que nos edifiquemos unos a otros, exhortándonos y confortándonos unos a otros; que suframos juntos por causa de la justicia; que oremos juntos; que juntos sirvamos a Dios en este mundo; y que juntos luchemos contra todo lo que amenace o interfiera con esta unidad (Fil. 2:1-5; 1 Co. 12:4‐31; Jn. 13:1-17; 1 Co. 1:10-13; Ef. 4:1-6; Ef. 3:14-20; 1 Co. 10:16-17;

• que esta unidad solamente puede plasmarse en libertad y no por obligación; que en virtud de la reconciliación en Cristo, la diversidad de dones espirituales, las oportunidades, los antecedentes, las creencias, así como la diversidad de lenguas y culturas son oportunidades para el servicio mutuo y el engrandecimiento dentro del único pueblo visible de Dios (Ro. 12:3-8; 1 Co. 12:1-11; Ef. 4:7-13; Gá. 3:27-28; Stg. 2:1-13);

• que la fe verdadera en Jesucristo es la única condición para pertenecer a esta iglesia.

Por lo tanto, rechazamos cualquier doctrina

• que absolutice la diversidad natural y la separación pecaminosa de personas, de modo que esta absolutización estorbe o rompa la unidad visible y activa de la iglesia, o incluso que cause el establecimiento de una iglesia separada;

• que profese que esta unidad espiritual se mantiene ciertamente por el vínculo de la paz, mientras que creyentes de la misma confesión viven de hecho separados unos de otros por razón de la diversidad y sin esperanza de reconciliarse;

• que niegue que es pecado rechazar la búsqueda de la unidad visible como un don invalorable;

• que explícita o implícitamente sostenga que para pertenecer a la iglesia hay que considerar la descendencia o cualquier otro factor humano o social.2

3. Creemos

• que Dios le ha encomendado a la iglesia el mensaje de reconciliación en Jesucristo y por medio de él; que la iglesia ha sido llamada a ser la sal de la tierra y la luz del mundo, que la iglesia ha sido llamada bienaventurada porque promueve la paz, que con palabras y hechos la iglesia testifica de los nuevos cielos y la nueva tierra en donde mora la justicia (2 Co. 5:17‐21; Mt. 5:13-16; Mt. 5:9; 2 P. 3:13; Ap. 21-22);

• que Dios por su Palabra vivificante y su Espíritu ha vencido el poder del pecado y de la muerte y, por tanto, también de la irreconciliación, el odio, la amargura y la enemistad, que Dios por su Palabra vivificante y su Espíritu hace posible que su pueblo viva según una nueva obediencia, la cual trae nuevas posibilidades de vida para la sociedad y el mundo (Ef. 4:17–6:23; Ro. 6; Col. 1:9‐14; Col. 2:13‐19; Col. 3:1–4:6);

• que la credibilidad de este mensaje se ve seriamente afectada y su labor benéfica obstruida cuando se proclama este mensaje en una tierra que profesa ser cristiana, pero en la que se impone por la fuerza la separación racial de personas y así se promueve y se perpetua la disgregación, el odio y la enemistad;

• que cualquier doctrina que, apelando al evangelio, trate de legitimar esa separación por la fuerza y que no desee aventurarse en el camino de la obediencia y la reconciliación sino que niegue de antemano el poder reconciliador del evangelio apelando a los prejuicios, el miedo, el egoísmo y la incredulidad, debe considerarse una ideología y herejía.

Por lo tanto, rechazamos cualquier doctrina

• que en nombre del evangelio o de la voluntad de Dios sancione la separación forzada de personas por motivos de raza y color y de ese modo obstruya y debilite por adelantado el ministerio y la experiencia de reconciliación en Cristo.

4. Creemos

• que Dios se ha revelado a sí mismo como el que trae justicia y verdadera paz entre los seres humanos;

• que en un mundo lleno de injusticia y enemistad, Dios es de forma especial el Dios de los desposeídos, los pobres y los agraviados y que llama a su iglesia a seguirlo en esto;3

• que Dios trae justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos;

• que Dios libera a los cautivos y devuelve la vista al ciego;

• que Dios apoya al oprimido, protege al extranjero, ayuda a los huérfanos y las viudas y obstruye el camino de los malvados;

• que para Dios la religión pura y sin mácula es visitar a los huérfanos y a las viudas en sus sufrimientos;

• que Dios quiere enseñarle a su pueblo a hacer lo bueno y a buscar lo correcto (Dt. 32:4; Lc. 2:14; Jn. 14:27; Ef. 2:14; Is. 1:16-17; Stg. 1:27; Stg. 5:1-6; Lc. 1:46-55; Lc. 6:20-26; Lc. 7:22; Lc. 16:19-31; Sal. 146; Lc. 4:16-19; Ro. 6:13-18; Am. 5);

• que la iglesia debe, por tanto, ayudar a las personas en cualquier tipo de sufrimiento y necesidad, lo cual implica, entre otras cosas, que la iglesia debe testificar en contra de y oponerse a cualquier tipo de injusticia, para que fluya el derecho como las aguas y la justicia como arroyo inagotable;

• que la iglesia, la cual pertenece a Dios, debe ubicarse donde el Señor se ubica, es decir, en contra de la injusticia y con el agraviado; que la iglesia, como seguidora de Cristo, debe testificar en contra de todos los poderosos y privilegiados, quienes egoístamente buscan sus propios intereses y así controlan y dañan a otros.

Por tanto, rechazamos cualquier ideología

• que desee legitimar formas de injusticia y cualquier doctrina que no esté dispuesta a oponerse a dicha ideología en nombre del evangelio.

5. Creemos que la iglesia, por obediencia a Jesucristo, su única cabeza, ha sido llamada a confesar y a llevar a cabo todas estas cosas, aunque las autoridades y las leyes humanas se le opongan y aunque como consecuencias de ello se sufra castigos y padecimientos (Ef. 4:15-16; Hch. 5:29-33; 1 P. 2:18-25; 1 P. 3:15-18).

Jesús es el Señor.

Que el honor y la gloria sea al único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.

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1  Las tres formas de unidad demuestran que la reconciliación y unión entre humanos surge solo a causa de la obra salvífica de Dios a través de Cristo Jesús. La Confesión de Belhar, la cual no es un “un nuevo resumen de nuestras creencias, sino . . . un clamor del corazón,” aplica esta verdad como un llamado a la reconciliación y unidad en la iglesia y su testimonio e involucramiento en este mundo (ver la carta que acompaña a la Uniting Reformed Church en Sudáfrica en Agenda para Sínodo 2012, p. 238; también en crcna.org).

 Está claro, dado el contexto original de la confesión de Belhar, que lo que se refiere aquí es el factor social de raza. Debido a que la ambigüedad del término factor social podría resultar en malinterpretaciones o en una aplicación incorrecta, el Sínodo 2009 señaló que “la Confesión de Belhar no niega las declaraciones del Sínodo que se derivan de la Biblia” con respecto a la sexualidad humana (por ejemplo, Sínodo 1973, 1996; actas del Sínodo 2009, p. 606).

 La afirmación de que Dios es “de manera especial el Dios de los desposeídos, los pobres y los perjudicados” se refiere a la permanente preocupación de Dios por las personas desfavorecidas, ignoradas y oprimidas (véase Ex. 22:21-23; Is. 1:17; 61:1-12; Mt. 25:31-46; Lucas 4:18-19; 6:20-21; Santiago 1:9-11, 27), no a una relación basada en el estatus social y/o económico.